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¿Quiénes somos?
(¡Vaya pregunta!)

En principio usted está ante el portal digital de una revista. Profundizando un poco y en tren de sinceridad digamos que nuestra voluntad es constituirnos en una revista digital, o mejor dicho; en la versión digital de la revista El Descamisado. Como se sabe bien tal denominación identitaria no es de invención reciente; y por cierto la originalidad marcaria no es el rasgo distintivo de este nuevo emprendimiento.

En rigor de verdad la primera oportunidad que en nuestro país una publicación fue identificada como El Descamisado fue hace ya muchos años, en el siglo XIX, más precisamente en un mes de enero del año 1879. Su editor responsable era Pedro J. Sanarau y desde el único ejemplar que se conserva en la Biblioteca Nacional –su número 2- publicado el 13 de Enero de 1879 se reivindica como “periódico de lucha, que habría de retemplar el espíritu de las gentes de los talleres y oponer fuerte valla á las pretensiones injustas de la aristocracia, de la burocracia y del capital…venimos a proclamar una revolución santa y necesaria, que sin derramar una gota de sangre, echará por tierra prácticas abusivas que han puesto en peligro la dignidad del desheredado, y que han restringido escandalosamente los derechos de la más humilde clase social”. También denuncia la persecución sufrida el 6 de enero de 1879: “Nuestro primer número impreso en tinta color sangre, con lo que quisimos significar que el pueblo ha conquistado con la suya el derecho á la igualdad que se niega, fue recogido por la policía”. Eran los tiempos de la presidencia del tucumano Nicolás Avellaneda, quien en 1877 diría: “Los tenedores de bonos argentinos deben, a la verdad, reposar tranquilos. La República puede estar dividida hondamente en partidos internos; pero no tiene sino un honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros.”

En ese mismo año, se produjo la primera huelga de nuestra historia protagonizada por el primer gremio organizado: la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fundada en 1857. La huelga fue dirigida por dos inmigrantes, un francés, Gauthier, y un español, Álvarez, que traían su experiencia sindical europea. La huelga fue exitosa y logró el establecimiento de la jornada de diez horas en invierno y doce en verano, una importante conquista para la época (y seguramente para ésta también lo sería). El periódico El Nacional, dirigido por Dalmacio Vélez Sarsfield, calificó a la huelga como "recurso vicioso, inusitado e injustificado".

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Mientras Avellaneda impulsaba con nuevos bríos la apropiación por parte del estado nacional de millones de hectáreas en virtud de la llamada “conquista del desierto” para distribuirlas entre una minoría de familias de la clase dominante (tan sólo durante el período 1876 – 1893 se enajenaron 42 millones de hectáreas de tierras públicas, llegando a subastarse 400 leguas en una sola operación en Londres a $ 0,48 la hectárea); El Descamisado definía algunos reclamos de la mayoría popular explotada: “No se objete que la sociedad no puede dar trabajo á todo el mundo, porque eso sería negar el objeto de la sociedad: sería decir que no puede garantizar la vida de los asociados, y sería dejar á cada cual la elección en cuanto á la manera de obtener los medios de conservación…Si le priváis del derecho de trabajar, le priváis del derecho de alimentarse y le priváis del derecho de vivir. Le querríais  obligar al suicidio?”

Pasaron décadas para que esta identidad popular vuelva a emerger como prensa militante al calor de la lucha política. Así es como el 30 de noviembre de 1955 aparece la única edición de época con el nombre El Descamisado bajo la influencia de su director Aníbal Leal.

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En dicho número y bajo el título “Nosotros”, mientras todavía resonaban los ecos de las bombas lanzadas sobre la Plaza de Mayo en junio del mismo año, sus páginas indicaban otros caminos por recorrer, otros destinos por construir. Allí se decía: “El peronismo ha sido el ensayo general en que la clase obrera argentina probó su fuerza y demostró su antagonismo irreductible frente al resto de la sociedad argentina, desde los ‘industriales progresistas’ hasta los oligarcas sin remedio. Ensayo contradictorio, porque el contubernio entre explotadores y explotados dentro de una misma corriente sólo podía dar por resultado, como lo dio, la quiebra general del movimiento. Abrimos una nueva etapa, en que la clase obrera organizará su propio partido, con su propio programa, programa cuya piedra fundamental será la afirmación: ‘Entramos en la época de la preparación y la lucha de la clase obrera con el fin de reorganizar la Nación según los intereses de quienes trabajan y producen’”.


Y vinieron los fusilamientos, las persecuciones, la cárcel, el exilio, la dura resistencia de los trabajadores peronistas y la mayoría popular proscripta por el esquelético e ilegítimo régimen presuntuosamente democrático. Y llegaron tiempos de nuevos combates en un país distorsionado por haberse centralizado en un superpuerto que le hace de Capital, y que mira a través de éste a los grandes monopolios y a la banca internacional antes que a sus propias entrañas. No fue casual que bien entrado los años sesenta agrupamientos estudiantiles de las provincias nutridos en la historia nacional crecieran y forjaran la unión con los trabajadores profundizando la resistencia y dando el salto cualitativo hacia la movilización de masas y la protesta abierta. Hacia fines de los años sesenta un reguero de pólvora corría por ocho ciudades provinciales: Corrientes, Resistencia, Santa Fe, Rosario, Córdoba, Tucumán, Salta y La Plata, con brotes de menor intensidad en Mendoza, San Juan, Bahía Blanca y Capital Federal.

Contemporáneamente el surgimiento de la CGT de los Argentinos provoca un movimiento de ruptura por un lado y de cohesión por el otro. Rompe política e ideológicamente con la burocracia colaboracionista y cohesiona la militancia popular por la Liberación Nacional y Social, mientras retoma las banderas plasmadas en la Constitución de 1949; de los Programas de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), contenidos en el su Programa del 1º de Mayo de 1968.


Héctor Botán, Miguel Ramondetti y Rodolfo Ricciardelli, sacerdotes vinculados a la parroquia de la Encarnación del Señor, en la zona norteña de Chacarita, decidieron en octubre de 1967 hacer conocer a medio centenar de colegas de todo el país el Manifiesto de los 18 Obispos del Tercer Mundo, en una traducción hecha a partir de una versión francesa recibida de manos del obispo Alberto Devoto. Durante las semanas que siguieron, los redactores de la carta fueron sorprendidos por la celeridad, la intensidad y cantidad de respuestas. Comenzaba a forjarse en nuestro país el Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo.


La siempre desordenada secuencia histórica va condensando un nuevo entramado militante popular con varios escalones generacionales que se complementan para confluir en la tarea de construir un auténtico proyecto de Liberación Nacional y Social. La dictadura de la llamada “Revolución Argentina” hace agua por todos lados. El General Perón desde su exilio en Madrid diagrama un dispositivo político para su retorno, inaugurando con definiciones actualizadas política y doctrinariamente un nuevo marco de contacto con la militancia de la resistencia y con su nuevo emergente; las “formaciones especiales”.    

Todo es muy vertiginoso; el “aramburazo”, la jornada del primer retorno de Perón el 17 de Noviembre de 1972, el triunfo de la fórmula del FREJULI el 11 de Marzo de 1973 y la asunción de Cámpora como Presidente de la Nación conjuntamente con los gobernadores Obregón Cano en Córdoba, Jorge Cepernic en Santa Cruz, Martinez Vaca en Mendoza, Miguel Ragone en Salta y Oscar Bidegain en Buenos Aires, la masacre de Ezeiza el 20 de Junio del mismo año, que en sí mismo fuera una puesta en escena que prefigurara el genocidio.


Es en este nuevo y convulsionado marco social y político que El Descamisado vuelve a las calles de nuestro país, con una tirada promedio de 100.000 ejemplares por semana, alcanzado un pico de 250.000 ejemplares vendidos en ocasión de la asunción de Héctor J. Cámpora a la Presidencia de la Nación el 25 de Mayo de 1973.


De tal forma y como medio de la prensa escrita dentro de los contornos políticos e ideológicos de la organización Montoneros El Descamisado inunda nuevamente las calles de las ciudades y los pueblos de nuestro país, constituyéndose en consulta obligatoria y referencia política de miles de militantes populares.

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El 2 de octubre de 1973 apareció el Nº 20 de El Descamisado. Nota editorial a cargo de Dardo Cabo. Campo gráfico color amarillo. Letras negras. Volanta: Encrucijada peronista. Título catástrofe: La muerte de Rucci. Allí Dardo Cabo se planteaba un interrogante cargado de honesta preocupación militante: "La cosa, ahora, es cómo parar la mano…Pero buscar las causas profundas de esta violencia es la condición. Caminos falsos nos llevarán a soluciones falsas. Alonso, Vandor, ahora Rucci. Coria condenado junto con otra lista larga de sindicalistas y políticos."


"Por eso no hay que disfrazar la realidad. El asunto está adentro del movimiento. La unidad sí, pero con bases verdaderas, no recurriendo al subterfugio de las purgas o a las cruzadas contra los troskos. No hay forma de infiltrarse en el movimiento."
A modo de conclusión Dardo Cabo –fusilado un 7 de Enero de 1977 cuando acababa de cumplir 36 años en un traslado desde la Unidad Penitenciaria Nº 9 de La Plata- propone con grandeza e integridad militante la posibilidad de un acuerdo, pero siempre bajo la premisa irrenunciable de un concreto contenido ético: "Revisar qué provocó esta violencia y qué es lo que hay que cambiar para que se borre entre nosotros. Para que no se prometa la muerte a los traidores y para que la impunidad no apañe a los matones, ni el fraude infame erija dirigentes sin base".


En definitiva todo aquello que se manifestara desde la estética de El Descamisado siempre fue el fiel reflejo de un comportamiento acorde en el plano de la ética. Y esa conducta siempre se ubicó de un lado de la trinchera. Del lado de los que trabajan, de los que producen, de los explotados; del lado de los marginados y excluidos; de lado de la Liberación Nacional y Social, de lado de la Dignidad. Y es desde ese lado de la trinchera que nos disponemos a transitar nuestro derrotero.


En conclusión esto es “quienes somos”. Ni más ni menos que un intento más por hacer honor desde la ética a la estética de una identidad popular.   
Una trinchera contra el desmontaje de la “ética militante”. Una visión de la realidad que se propone mostrar al desnudo ese vacío profundo e inocultable de la cultura política argentina; que a diario se rellena vulgarmente mediante la impostura de una retórica impotente e impostora, bajo el piadoso manto de la “ética de la responsabilidad”.

“Ética de la responsabilidad”, que se traduce desde uno de sus significados; en la presunta validez de un conjunto de premisas y creencias, basadas sustancialmente en la infalibilidad de cierto conocimiento tecnocrático inmutable a toda discusión; que determina apriorísticamente una percepción de lo posible y lo imposible (relegando a planos secundarios o inexistentes lo justo o injusto, lo correcto o lo incorrecto; lo conveniente o inconveniente). Desde este temperamento; “lo político” pierde centralidad y se acopla a “la realidad” interviniendo subsidiariamente en la dinámica de su desarrollo.

Esta publicación digital parte de premisas claras y concretas: en los marcos del actual sistema político; la actividad significada como política está saturada de degradación; y no expresa otra práctica que la simple administración de un sistema de poder; de un sistema de reparto de riqueza y oportunidades; para la mera gestión de lo existente.

En el sistema político cada vez hay menos política.      
 
Con lo cual la política ha sido confiscada de su sustancia inmanente por la hegemonía del poder dominante. La política, como aquella actividad consustancial a nuestra especie para transformar la realidad, ha mudado de lugar; habita otras dimensiones; se define desde otras coordenadas. Es desde esos “otros lugares” que decimos y hacemos.

Nos proponemos con humildad y convicción seguir contribuyendo por un proyecto de Liberación Nacional y Social desde una visión que nos permita mirar debajo de la superficie en los distintos subsuelos de la Patria; donde seguramente se articulan nuevas prácticas emancipadoras y los embriones de futuras sublevaciones en las cuales El Descamisado tendrá su lugar en la trinchera de siempre y del lado que corresponde, con la Nación, con el Pueblo y por la Liberación.

Consejo de Redacción, Marzo de 2008

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